Recuerdos de mis primeros videos virales, un conflicto por plagio con un conocido influencer uruguayo y el poco profesionalismo de algunos creadores de contenido en Uruguay
Hace casi dos años estaba en un momento de falta de creatividad, como a todos nos pasa. Mi cuenta de TikTok había despegado en 2022 con contenido sobre el Mundial de Qatar 2022 (más que nada con el furor de las figuritas de Panini, para ser más precisos) y pensé que finalmente “había llegado”, como se suele decir cuando uno se vuelve exitoso o conocido en redes. Luego de que todos los perfiles relevantes comenzaron a hacer ese mismo contenido (yo corrí con la suerte de que Uruguay fue uno de los primeros países donde salió el álbum, y de ser el primer avispado en todo el mundo en hacer contenido sobre ello) las visitas a mis videos y a mi perfil cayeron, y más aún cuando comencé a subir el contenido que de verdad me interesaba subir, que era el periodismo deportivo.
Esto no fue todo negativo. Allí, realmente entendí y comprendí como funciona el algoritmo de TikTok y de muchas redes sociales hoy por hoy: si innovas, si haces algo que nadie más hace y está más o menos prolijo, es un éxito prácticamente asegurado. Otro ejemplo es que meses antes de subir videos de las figuritas, fui a sacar fotos al partido entre Peñarol y Colón de Santa Fe por Copa Libertadores en 2022. Me ubiqué detrás del arco de la tribuna Güelfi, con la hinchada de Colón detrás mío. Una tribuna llena que acompañaba a un Colón con varias figuras (Lucas Beltrán, Facundo Farías, Wanchope Ábila, dirigidos por Julio Falcioni) terminó en pelea con la parcialidad de Peñarol. En resumen, los de Peñarol se colaron a la tribuna de Colón en un momento del partido (cuando el carbonero perdía 0-1) y comenzaron los líos. Volaron pedradas, que incluso caían dentro de la cancha cerca de los jugadores, fotógrafos y seguridad, y a mi se me ocurrió la gran idea de grabar con el celular, a pocos metros de los incidentes, parte de lo que ocurrió en aquella tribuna.
El resultado fue impactante: más de 500mil visitas en TikTok, cientos de comentarios y decenas de seguidores en mi perfil. Ahí surgió la teoría que luego confirmé con las figuritas de Panini y que me quedó para más adelante cuando me lancé como comunicador y creador de contenido. Todos los medios subían videos de la transmisión oficial, de gente que grababa desde otras tribunas o desde el palco de prensa del estadio (ubicado en un sexto piso) pero el mío fue el más visto. El lugar desde donde grabé, el audio donde se escuchaba lo que decían los jugadores y la calidad de imagen para ver qué pasaba en las tribunas, fue el diferencial entre lo que grabé yo y el resto de las personas dentro del estadio.
Ya en 2024, en ese momento de falta de creatividad del que hablé al principio, escuché un nombre del que no oía hace tiempo: Diego Laxalt. ¿Dónde estaba jugando ese muchacho? ¿seguía en Italia? ¿Qué fue de él? Esta última pregunta me recordó a una sección que escribí en el primer medio en el que estuve, Balón Latino, que, justamente, se llamaba Qué fue de. Entonces fui, busqué información de su carrera, sus mayores logros, su paso en la selección y su actualidad, grabé, publiqué y pum, más de medio millón de visitas. Un éxito. Pasaron dos meses y seguí subiendo contenido de esta nueva serie que terminé creando a pedido del público. Pero, un día, un amigo me manda un video que, cuando lo abrí y escuché, pensé que era mío, hasta que me di cuenta que era otra persona.
No conocía a este pibe hasta que entre a su perfil por primera vez después de ver el video que subió. Quedé atónito, de verdad, porque no podía creer lo que veía. Un influencer con miles de seguidores en Instagram y TikTok, colaboraciones con marcas, coberturas de partidos de selección y la mar en coche. No es uno de los grandes pero sin dudas es alguien que, ya hace dos años atrás, no le iba mal. El tipo, básicamente, agarró mi video y contó, con su voz y sus palabras, exactamente lo que dije yo en el video de Diego Laxalt: su carrera, sus logros, su paso en la selección y donde estaba en ese momento. Incluso dejó abierta la misma pregunta al final del video. Hasta las fotos de fondo eran las mismas.
En TikTok no tuvo tanto éxito, pero en Instagram (donde yo no tuve suerte) la rompió. Quedé un poco en shock. ¿Qué necesidad tenía este pibe de plagiarme un video? Porque esa es la diferencia entre la inspiración y el plagio. Yo me inspiré en algo que hacíamos en Balón Latino en 2019, y que seguramente se inspiraron de otro lado para sacar esa sección y hacerla una de las más vistas de la web, pero jamás copiamos notas de otro medio. Jamás robamos palabras para hacerlas nuestras, no era ético y así te enseñan en cualquier escuela de periodismo. Ya no es solo un tema de ética, si no que, en facultad y hasta en el trabajo, pudo haber tenido problemas este muchacho si presentaba eso como una creación personal pero, en el terreno de las redes sociales y del internet, (casi) todo vale.
En el siguiente video que hice, lo encaré. Recuerdo que presenté el video y, antes de hablar del jugador, publiqué capturas y pruebas del plagio que cometió este influencer. A los pocos minutos, alguien lo etiquetó y casi que enseguida me contestó en comentarios. En pocas palabras, se hizo el boludo y, claramente, no se hizo cargo de algo muy obvio. Seguí investigando quién era este muchacho que iba tan sobrado por la vida y, realmente, me dio pena. Un pibe que hace un contenido vacío, copiado y plagiado por donde lo veas, pero lo que más pena me dio es su público. Gurices de entre 12 y 16 años de edad, que hasta sueñan con dedicarse a las redes o hacerse famoso, y que lo puedan tener como referencia a alguien que no tiene ética y que demostró no tener moral. Hace pocos días, coincidimos en un evento importante, y no me podía mirar a la cara. Hace años me ninguneó y sobró adelante de una pantalla; hoy, no tiene el aguante para aceptar la macana que se mandó.
Sacando del medio a este muchacho, realmente me quedé pensando en los gurices que consumen estos contenidos y que lo reemplazaron por el periodismo real. No digo el deportivo, porque en el país hay realmente pocos periodistas deportivos de los que hacen “periodismo de periodistas”, de los que hacen una investigación y bajan a una SAD con plata en negro o de los que descubren que algún dirigente corrompía árbitros. ¿A quiénes tienen de ídolo las nuevas camadas de periodistas del Uruguay? ¿A quién se quieren parecer? ¿Les interesa más ese “periodismo de periodistas” o la camada de influencers que abarcan las redes y los streamings? Ojo, algunos si tienen ética a la hora de trabajar y respeto por los colegas, pero es algo de lo que se habla poco en nuestro país.
Acá entra en juego la famosa competencia desleal. Todos los periodistas y creadores de contenido de fútbol van a hablar de lo que pase en el mercado de pases y de los jugadores que se mueven entre los equipos. Lo normal, cuando alguien saca la primicia sobre un jugador, es citar la fuente. Es, probablemente, una de las primeras cosas que te enseñan cuando pisas la Facultad de Comunicación o cualquier escuela de periodismo, pero algunos parece que faltaron a esa clase. Publican el video o el tweet y se “olvidan” de citar la fuente por apurados o despistados, pero la noticia que Doña María vio que publicó Juan, por más que la primicia sea de Pedro, para Doña María es información que descubrió Juan. Y así con todo.
Hay otro muchacho en Twitter que le gusta jugar a ser periodista deportivo y le gusta tirar noticias sin tirar fuentes y, claro, muchos creen que son suyas. Hace ya un tiempo, este muchacho descubrió que cada vez que publicaba una primicia relacionada al fútbol brasileño, los tipos se vuelven locos. Le llenan los tweets de me gustas, retweets y comentarios, y él se cree conocido, pero los usuarios uruguayos ya lo tienen más que calado. Entrás a su perfil y dice ser «recibido en periodismo deportivo», como si fuese una carrera, que es otro mal que muchos cursos le hacen creer a las personas. Parece algo obvio que nadie tiene un título después de hacer un curso de un año, pero hay gente que se come el cuento igual. No digo que los cursos no sirvan o sean malos porque yo también realicé y aprendí cosas importantes que después volví a ver en facultad, pero no están ni cerca de ser un título y eso es otro problema.
No quiero que quede muy pesada mi primera nota porque, si no, no me van a leer más, pero espero haber explicado más o menos el punto. Nadie enseña a las nuevas generaciones lo que es la ética, el respeto por los colegas y tampoco por el trabajo. Algunos venderían hasta a la madre por hacer unos pesos de más y mostrárselo al mundo entero en redes sociales. Nadie les enseña a los creadores de contenido en Uruguay lo que está bien y lo que está mal y eso, más temprano que tarde, les termina pasando factura. Son decenas los que año a año trascienden y se hacen conocidos a costa de otra decena que desaparece y que no volvemos a saber más nada de ellos. En resumen, hay que saber llegar, hacerlo de manera honesta, sin polémicas, y seguir teniendo ética para mantenerse y no desaparecer.


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